Medida por media (Measure for measure)

«El director ha sabido aprovechar lo esencial del escritor, mantenerlo y recubrirlo de condicionamientos circunstanciales propios del siglo XXI […] teatro clásico, un filme sin copiar y pegar burdamente y sin despreciar por la tangente el espíritu original»

Año: 2019
Director: Paul Ireland
Reparto: Hugo Weaving, Harrison Gilbertson, Daniel Henshall, Fayssal Bazzi, Doris Younane, Mark Leonard Winter
País: Australia
Duración: 107 min
Género: Drama | Romance
Puntuación: ★★★★☆ 

 

 

Sinopsis
Una reevisión contemporánea del «Measure for Measure» de Shakespeare. Surge un romance improbable entre una inmigrante musulmana y un joven músico, postulándose en contra de los notorios departamentos de comisiones de Melbourne, donde reina un mundo de crimen, drogas y falta de armonía racial.  [Filmaffinity]

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Análisis

Relectura contemporánea de una obra de teatro de Shakespeare estrenada en 1604. Frente al riesgo que comporta cualquier tipo de adaptación literaria o reedición de una obra lejana en el tiempo, Paul Ireland no solo sale airoso, sino que nos entrega una película repleta de alma, poderosa, detallista y muy bien interpretada. El escenario es Australia, las bandas trafican con drogas y con coches, los personajes ven la televisión, hay cámaras de seguridad y melodías de pop-rock destilan lirismo sobre las imágenes, pero la esencia de Shakespeare se respira en cada fotograma. Eso es una adaptación. El director ha sabido aprovechar lo esencial del escritor, mantenerlo y recubrirlo de condicionamientos circunstanciales propios del siglo XXI.

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Measure for measure es un romance prohibido, sin ñoñerías, capaz de generar dudas en los protagonistas y de llevar sus decisiones hasta las últimas consecuencias. Es una dialéctica entre Oriente y Occidente, entre dos maneras de entender el mundo. Es una pregunta sobre si hay Dios, sobre si podemos apelar a Él, sobre si un ser superior observa nuestros actos pendiente de nosotros o, por el contrario, no hay respuestas, sino la soledad y el vacío. El personaje del Duque -papelón de Hugo Weaving-, de hecho, cumple un rol de cierta divinidad. Él cede sus negocios y se retira por un tiempo con la promesa de volver (Parábola de los Talentos), perdona a su hijo arrepentido (Parábola del Hijo Pródigo), observa sin ser visto a través de las cámaras de seguridad (omnipotencia divina) y acude para ayudar a quien le necesita (pedid y se os dará). Además, las imágenes del filme hablan por sí solas. Él contempla -y domina- el espacio de la ciudad desde su azotea (la Creación), y blancas son sus ropas en varias secuencias de relieve.

El filme se desenvuelve con acierto entre el drama romántico y el thriller, precisamente porque no son dos tramas independientes, sino que la una bebe de la otra. Si, por supuesto, dicha realidad no se aprecia al inicio, el romance alimentará de suspense el thriller y este dotará de conflicto al romance. A efectos de guion, es un placer observar cómo una trama va sembrando en la otra hasta entrelazar un destino único. Por otra parte, si bien es cierto que se le podría haber sacado más partido a la condición de músico de Claudio, da gusto escuchar cómo sus composiciones se insertan de manera natural en la banda sonora del filme, haciendo referencia directa a los sucesos acaecidos, pero, a excepción de en dos o tres ocasiones, de manera extradiegética.

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Quizá por su carácter de inspiración teatral, los actos dramáticos y los giros temporales son perfectamente canónicos, se distingue con claridad meridiana la introducción, el nudo y el desenlace. Además, el director cierra adecuadamente, guiando a los personajes hasta una catarsis aristotélica, liberadora y esperanzadora, aunque conlleve pagar el precio del sacrificio. Shakespeare y Aristóteles, teatro clásico, un filme sin copiar y pegar burdamente y sin despreciar por la tangente el espíritu original. Estupenda adaptación.


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